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Superlitio: 20 años de rock, sabor y “tropicana”

Superlitio

El fenómeno Superlitio ya completa 20 años desde que se lanzó al vacío para crear música de la forma en que no se hacía. Por lo menos en el rock que sólo giraba en torno a las bandas de género no eran bien recibidas las fusiones y menos con sonoridades latinas o tropicales, porque no existían los términos medios. Superlitio son una banda caleñísima con un sello que ya no se confunde en ninguna parte.

Hablar de rock puro es algo que no tiene sentido. El rock es una fusión de muchos ritmos”. A Pipe Bravo estas palabras no le suenan a irreverencia. Hoy, a los 40 años, viste una mezcla sobria entre el marrón y el negro. No camina como lo suelen hacer estrellas. De hecho, lo hace mientras recuerda las cuentas que debe pagar y al pastor alemán que no da espera para un nuevo paseo en el parque antes de iniciar la noche. Sus zapatos no lucen ajados, pero tampoco llevan la etiqueta de la marca y el precio en ese extraño código adoptado en otros géneros.

Hoy que suena tan común la palabra indie para hacer referencia a las propuestas artísticas independientes, no hay lío para ubicar un nuevo género, pero en 1997, Superlitio era más una rareza, una banda que no tenía un cupo en la lista de géneros y para mencionarlos o clasificarlos en estilo, había que señalarlos con el dedo.

Pipe y su grupo de amigos de esa época: Pedro Rovetto (fundador del grupo y bajista), Alejandro Lozano (guitarra), Mauricio Campo (primer vocalista) y Salvatory Aguilera (batería) habían ensayado un número significativo de músicos antes de consolidarse como agrupación. Para entonces, era común que las bandas primero probaran suerte en los garajes de ensayo y algunos toques en bares, para luego pasar al estudio de grabación.

“Nosotros lo primero que hicimos fue grabar. Bien o mal, pero queríamos grabar. En esa época se tocaba a muchos años y con suerte se lograba condensar un trabajo. Para nosotros fue mucha experimentación, porque ni siquiera teníamos un norte. El norte nos lo dio la respuesta de la gente hasta consolidar una banda con estilo propio”, asegura Felipe.

La banda experimentó el espíritu independiente de lo que posteriormente fue conocido en el mundo con el “rock revival”, que tomó de la esencia punk  la autogestión. 1997 fue entonces el año en que se internaron en el estudio del también caleño Luis Nieto, en donde dieron forma a su primer álbum: Marciana, un compilado que condensó 12 temas que rápidamente se diseminaron en la escena musical colombiana.
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Felipe que hoy da tiempo a pensar cada palabra antes de iniciar un discurso, reconoce que no eran los únicos buscando una identidad  para avanzar en un nuevo paradigma del rock. Marciana sonaba a ese tufo ‘Jamming’ o de contracultura y daba muestras de lo que buscaban en un momento en que no tenían claro cuál era su objetivo. Y entonces ¿quiénes eran ese grupo rebeldes caleños que comenzaron a llamar la atención como una de las bandas emergentes más destacadas en Colombia?

La respuesta la entregaban en cada concierto. Pronto el camino les dio nuevas oportunidades en Medellín, Cali, Bogotá, Pereira, Manizales y Popayán, en donde ya la palabra litio no era exclusiva de la tabla periódica. La prensa especializada comenzó a dedicar líneas a la propuesta de estos caleños que lograron compartir escenarios con grandes como Juanes, Café Tacuba, entre muchas otras.

Corría a finales de la década de los 90 rumores apocalípticos sobre el fin del mundo. A los Superlitio tal vez no les hizo mella y cerraron el 99 con la grabación de ‘Mostaza’, su segundo trabajo discográfico con el que demostraron la tenacidad de los trabajos independientes y con ello daban prueba de la persistencia creativa que afloraba entre los integrantes.

La anécdota está intacta en la memoria de Pipe. El sello que aportó a sus track sonidos latinos lo descubrieron en la primera gira de la banda  a Estados Unidos que más que una gira, fue una búsqueda en el “país de las oportunidades” en donde los lenguajes son más universales. “Fue una aventura en la que no sabíamos que iba a pasar. Llegamos a Nueva York a través de un conocido sin saber a dónde íbamos a tocar. De esa misma forma llegamos a los Ángeles y de lo que nos ganábamos guardábamos para un tiquete de viaje o comida.  Era el sueño de las bandas de rock gringas que ruedan en un bus por todo el país, peo a la colombiana”.

Y fue esta sensación de interculturalidad, la que les permitió reconocer que no había olvidar los sonidos de la Cali de sus papás marcados por la salsa, el bolero y todo el bagaje caribeño-antillano que sentó raíces en la capital de la salsa.

“Nosotros siempre rechazamos iniciar una orquesta, porque estábamos muy influenciados por el rock. De hecho, era un asunto de rebeldía para permitirnos crear nuestra propia versión del sonido. No queríamos parecernos a lo que escuchaban nuestros padres. Pero en un lugar tan distante era muy notable nuestra propia cultura. Y comenzamos a sentir que toda esa salsa de los 70 que nos gustaba, debíamos darle sentido y no olvidarnos de dónde veníamos”.

El rock alternativo de la época tenía tintes del regaee, el funk y se entremezclaba esencialmente con las raíces de cada cultura. La música –entendieron- estaba desprendiéndose de ese lenguaje unísono y la apuesta estaba dirigida a hacia la “intersonoridad” con la que encontraron el sello que les daría la huella digital en el ámbito musical.

Radicados en Estados Unidos, recibieron la unción del productor argentino Twety Gonzalez, quien dio forma al Triping’ Tropicana, la joya de la corona de la banda, que no tardó mucho tiempo en instalar el primer sencillo (“Que vo’ hacer”) en los primeros lugares de las listas musicales en Colombia y que les otorgó la oportunidad de ser nominados en los Grammy Latino como mejor nuevo artista.

Superlitio dejó de ser un capricho de un grupo de jóvenes soñadores. El sueño no tardó en tomar forma en la realidad para convertirse en el proyecto de vida de una generación que sobrevivió en medio de la presión que ejercen los mayores por que encontrés “un trabajo con qué ganarte la vida”. Y aunque provienen de distintos orígenes académicos forjados en la Universidad del Valle, tienen en común el lenguaje de la música como una profesión que totaliza sus aspiraciones.

El resto es historia. Con los años sobrevinieron nuevos retos como la película Perro Come Perro del director caleño Carlos Moreno, quien confió el sonido de su obra en las voces y las manos de Superlitio, quienes no tardaron en posicionar la canción con el mismo nombre de la cinta en la lista de reproducción de los consumidores que ya comenzaban a personalizar lo que querían oír en reproductores digitales.

 


La madurez les trajo en el 2008 la oportunidad de trabajar junto al español Rafa Sardina un ‘rey midas’ de la música que sabe dónde poner el oído. Once gramófonos permiten saltar la formalidad de la presentación. Y no hizo falta mucho esfuerzo para convertir el sencillo “Te lastimé” en la canción más representativa de la banda. Estos caleños estaban destinados a encontrar el éxito y fue gracias al comunicador social caleño Fernando López Cardona, quien interpretó “Te Lastimé” en una pieza visual de alto calibre que con la técnica del stop motion, se posicionó como uno de los mejores clips realizado en Colombia.

Superlitio es la muestra más exitosa de esa generación de jóvenes irreverentes que insistió en la música como proyecto de vida y no declinó en otros rumbos distintos a la música

 

Superlitio en el tiempo.

Superlitio AmoebaHacia el 2009 y tras una larga gira por Estados Unidos, el vocalista Mauricio Campodecide abandonar la banda, quien fue reemplazado en este rol por Pipe Bravo. Durante algunos años, Dino Agudelo estuvo frente a las secuencias en vivo y hoy no está en el proyecto.

En la actualidad, el equipo está conformado por Alejandro Lozano (guitarra), Pedro Rovetto (bajo), Armando González (batería) y por supuesto, Felipe Bravo. Salvatory Aguilera sólo estuvo en el primer disco “Marciana”. Ahora, la banda graba su séptimo álbum luego de seis años por fuera de los estudios, pero en una exitosa capitalización de otras oportunidades como giras en Estados Unidos, la grabación de un DVD y participaciones en festivales como SXSW.

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