Toda la potencia creativa de nuestra ciudad.

Se estrena Siete Cabezas, la segunda película del caleño Jaime Osorio

Este jueves 19 de octubre es el estreno mundial de Siete Cabezas, la segunda película del director caleño Jaime Osorio. Con El Páramo, su ópera prima, demostró en el año 2011 la contundencia y la versatilidad de su narrativa.


 

En su segunda película, Osorio se inspiró en el Gran Dragón Rojo del Apocalipsis, que quiere devorar un hijo por haber nacido de una mujer. Esta metáfora bíblica la usa como pretexto para describir las obsesiones de Marcos, un hombre que decidió aislarse en un Parque Natural para explorar la inquietante calma.

Hasta allí llegan Leo y Camila, dos biólogos preocupados por la repentina muerte de varias especies animales de la región. Este es el giro contundente que lleva a Marcos a lo más oscuro de los sentimientos humanos y que terminarán por envolver al espectador en un thriller psicológico y perturbador. Aunque para Osorio, es la exploración de la violencia de los hombres. Siete Cabezas, una película que plantea el paso del silencio a la estridencia.

Siete Cabezas“Son personajes reales, es decir, verosímiles. Por eso intentamos crear con la película situaciones reales llevadas al extremo. Los sometemos a sentimientos intensos y profundos que deberán ser decodificados por el espectador”, insiste.

Y es que Jaime quiere separarse de la conceptualización de la violencia, presentada sólo en casos de confrontación armada. Es un acercamiento a la violencia de las personas, de cada individuo.

Con Jaime Osorio quisimos entender hacia donde está yendo la narrativa audiovisual colombiana y aunque prefiere no hablar desde fórmulas estáticas o caminos, tiene algo claro: las películas deben describir la idiosincrasia de los países. Sin ellas, hay una sociedad que sólo se describe desde la no-ficción. Y eso, según Osorio, es algo que se está aprendiendo.“Porque antes no sabíamos narrar a Colombia. Cada película plantea cosas distintas, lo que si se está logrando es narrar a Colombia desde diferentes ángulos. Pero insisto, no es una escuela que vaya en una sola dirección. Es un encuentro de varias perspectivas”, afirma Osorio.

Y aunque el duelo del conflicto armado presupone un camino posible para los nuevos directores, Osorio quiere abordar desde el suspenso las manifestaciones internas de la violencia humana. Con Siete Cabezas, por ejemplo, los personajes se encontrarán en un escenario que va más allá de las realidades sociales contemporáneas, la violencia, la ira, los estados de ánimo, son perspectivas universales que fácilmente podrían entenderse desde cualquier contexto.

 

・・・

¡Ya en salas de cines!

・・・

 

El realizador pretende invertir el papel del espectador pasivo hacia la convulsión de las emociones con que puede salir cada persona. Marcos, el personaje principal, es dos hombres en uno solo y esto interviene en la perspectiva de quien ve la película.

Por eso, para Osorio, el estímulo de otras narrativas debe conllevar a la diversidad para inventar nuevas formas de creación. “Lo que nosotros, los cineastas activos hemos hecho es arañar la superficie, pero no hemos llegado muy lejos en un país cruzado por conflictos muy fuertes”, insiste.

La cinta producida por Burning Blue, es un encuentro perturbador, cargado de simbolismos y exploraciones psicológicas de los personajes. Pero Osorio no pretende generar terror. Su apuesta es más hacia la reflexión individual en el mundo real. El Páramo, por ejemplo, dio una pincelada a un estilo que ya muestra coherencia y le permite establecer un sello de autor.

Detrás de cámaras de Siete Cabezas. Fotografías de César Jaimes, Christian Mendoza y Valentina Gómez.

 

“Pero en Colombia se necesita mucho más. No se trata entonces de hablar de la violencia como lugar común. De hecho, sobre este tema hay muy pocas películas. Explorar la violencia social está enmarcado en una necesidad para entendernos como sociedad, para interpretarnos, pero a mi me interesa -por ahora- los comportamientos humanos”.

De hecho, la película se define como una narración intensa con diferentes caminos que habla al espectador de forma distinta, dependiendo de la vivencia de cada uno. “En los experimentos que hemos hecho proyectándola, hay personas que salen sin querer hablar. O por el contrario salen estimulados por la experiencia de la intensidad con que se exponen los sentimientos humanos”, cuenta Jaime Osorio.

 

Artículos Relacionados