Toda la potencia creativa de nuestra ciudad.

La escritora caleña, Pilar Quintana, fue galardonada por su más reciente libro ‘La perra’. Una narración visceral sobre la vida de una mujer estéril en el Pacífico Colombiano.

Cali, su ciudad. La selva, una madre brutal y amorosa. El mar, el reverso mojado de la selva. El Pacífico, una tierra salvaje y maravillosa. La perra, un animal desvalido. La maternidad y la esterelidad. La literatura, un karma y la creatividad, su proceso de sanación y terapia.

Así define Pilar Quintana las raíces de su novela ‘La perra’. Con esa sencillez y eficacia literaria, que en días recientes la hicieron ganadora entre 80 propuestas más, del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana organizado por la Bibiloteca Eafit, y financiado por Caracol Televisión y el Grupo Familia.

 

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“La novela trascurre en el Pacífico colombiano. Se trata de una mujer que está llegando a los 40 años y no ha podido tener hijos. Entonces decide adoptar una perrita y empieza a través de su relación con la perra, a vivir un poco su maternidad frustrada”, explicó la caleña al recibir el galardón.

 

El jurado, que estuvo conformado por el escritor peruano Alonso Cueto; Ricardo Sierra Fernández, presidente de Celsia; la exdirectora de la Biblioteca Nacional de Colombia, Ana Roda Fornaguera; la académica Sonia López Franco, jefa del Departamento de Humanidades de Eafit; y el también escritor, Mario Jursich Durán; destacó la capacidad narrativa de Pilar Quintana para la descripción. A través de pocas palabras, las exactas, Quintana logró transportarlos a una selva donde el calor pica como un mosquito.

La escritora caleña habló con Cali Creativa y nos contó los detalles que inspiraron su obra, que más que una novela, es un retrato de las historias de las que se compone nuestro Pacífico colombiano.

 

CALI CREATIVA: ¿Cuál es la relación de Pilar Quintana con Cali?

PILAR QUINTANA: Toda mi obra es Cali. ‘La perra’ es el único libro que no transcurre en esta ciudad. Cali es el lienzo de mis libros. Me hacen esa pregunta y tendría que hacer como cinco años de psicoanálisis para ver cuál es mi relación real con ella.

Cali es hogar, pero no solamente el hogar bonito, sino el hogar con todos los traumas y todo lo feo. Son ambas cosas al mismo tiempo.

‘La perra’ no sucede en Cali, pero se da en el Pacífico Colombiano, una tierra de contrastes, ¿cuál es esa experiencia que te lleva a la catarsis a través de esta novela?

Aunque Cali no está en ‘La perra’, está representada al lado del Pacífico, como realmente lo está: al lado pero dándole la espalda, como diciendo “eso no existe”.

Para el caleño, el imaginario de mar sigue siendo el Caribe, no el Pacífico que está ahí al ladito. Un lugar en el que podemos ir al mar en un día y luego volver…

Así está planteada la relación del Pacífico con Cali. De hecho yo viví nueve años allá y eso se refleja en el realismo de mis escritos.

Para esta historia, necesitaba hacer un retrato de lo que realmente es el Pacífico. Además, porque también había una necesidad de contarlo, pues vemos a esta tierra que está tan cerca pero tan lejos sin conocerla de verdad.

Lo que yo quería con esta novela, era mostrarle a la gente qué es ese Pacífico, al que todos creen que nunca va a acceder y que en ‘La perra’ pudieran sentir el calor, los mosquitos, la lluvia.

 

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“Toda mi obra es Cali”.

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En ‘La perra’ lográs retratar el Pacífico como una tierra muy dura, una selva brutal, indomable, pero que en medio de ella, hay un espíritu creador, una fuerza natural y exuberante. En medio de esa brutalidad, ¿dónde encontraste la belleza?

Cuando yo escribí ‘La perra’ no estaba narrando un lugar brutal como tal, estaba describiendo el lugar en el que viví durante nueve años y medio, de la manera más realista.

Me di cuenta que era brutal en la última lectura, cuando mi esposo me dijo “bueno, ya es hora, no le dé duro a la novela, sino que léala como si usted fuera un lector al que le llegó ese libro. Uno no entra con el guayo levantado”. Fue un muy buen consejo y ahí fue cuando vi que es súper dura. La pobreza es tenaz, sin embargo, no lo trabajé desde ese único eje. Yo puse lo que vi, lo que viví y cómo es la vida allá.

Esta novela vista desde la ciudad es tremenda. Sin embargo, estando acá me pregunto por una secretaria, por un obrero en Bogotá, que tenga que aguantarse horas enteras en un Transmilenio para llegar a la casa y que cuando llueve, llega cagado de frío, mojado… No creo que sea menos brutal que el Pacífico. Solo que quizás desde la ciudad puede parecerlo.

Desde afuera, puede verse así, pero cuando yo me levantaba tenía la vista que ningún multimillonario tiene, todo lo que yo disfrutaba desde mi chocita en el acantilado.

 

¿Cómo explicás cierta potencia creativa y creadora que viene desde el Pacífico y que surge de esos lugares inesperados?

Yo no quiero mostrar el Pacífico, diciendo solamente qué rica la música, qué rica la comida, qué alegre la gente, porque es un lugar común para mirarlo desde la perspectiva de la comodidad y creo que es necesario incomodarnos. Es una tierra donde los negros no son dueños de la tierra que han habitado por cientos de años.

 

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“Esta novela vista desde la ciudad es tremenda”.

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Y que cuando lo son, son dueños a través de un proceso colectivo que no significa serlo realmente. No es como cuando vos te comprás una finca y si estás mal de plata, la vendés. Ellos no tienen acceso a la propiedad privada, ¿me entendés?

No quiero mirar al Pacífico solo diciendo que viven y comen delicioso, porque aunque todo eso es cierto, también tienen unos problemas tenaces. Siento que hay un racismo sistémico de Colombia hacia el Pacífico y hacia los negros.

¿Cómo puede uno crear desde el Pacífico Colombiano si no tiene las necesidades mínimas cubiertas? Cuando viví en Juanchaco no había ni siquiera acueducto. La educación es tremendamente mala. No había hambre porque tenían el mar el lado, pero sí tenían unas necesidades súper profundas. Yo creo que debemos trabajar primero por eso y luego preocuparnos por lo demás.

 

¿Este tipo de miradas también debemos tenerlas sobre Cali?

Yo no conozco del todo la Cali profunda, la Cali negra, por eso no puedo hablar. Pero creo que aquí tenemos un orgullo de lo negro, de la comida, del baile, sin comprender los problemas que realmente tienen, los que también debemos mirar.

Es cierto que retratás esa cruda realidad y lo que sucede en una Cali, que le da la espalda a sus vecinos. ¿Cuál es esa otra fuerza contrastante que nace aquí? ¿Cuáles son las pulsiones de esta ciudad alrededor de la creatividad, alrededor de la pasión?

Yo creo que es una pregunta difícil para responderla como creadora, pues Cali ha sido mi material durante muchos años. Ahora mismo no sé si voy a seguir escribiendo sobre ella. Sin embargo, creo que tiene mucho potencial. Uno de los directores de cine que yo más admiro de Colombia, es caleño y ha retratado en sus películas su ciudad y el mejor Valle del Cauca que he visto. Este personaje es Carlos Moreno.

Hay una potencia, es cierto, pero hay otra cosa que veo y no es chévere de la ciudad. Siento que hay grupos y se atacan entre ellos. Y digo, “juepucha, este medio es tan duro”…

 

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“No quiero mirar al Pacífico solo diciendo que viven y comen delicioso, porque aunque todo eso es cierto, también tienen unos problemas tenaces. Siento que hay un racismo sistémico de Colombia hacia el Pacífico y hacia los negros”.

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¿Creés que esto es una situación particular y que solo pasa en Cali?

Yo lo siento así. Yo veo que en Bogotá se pelean, pero aquí es por grupos. De una u otra manera, yo siento hostilidad en Cali. En otras ciudades no se percibe de esta forma, ¿me entendés?

Creo que hay dos posiciones como los que aman a Andrés Caicedo y los que odian a Andrés Caicedo, los que aman a a Jorge Isaacs, y los que odian a Jorge Isaacs. Aquí tenés que ser enemigo o amigo. Es una polarización muy fuerte.

No sé si en el cine sea así, pero siento eso, en lo literario con respecto a mi ciudad. Bogotá es una ciudad hostil pero en otros aspectos. Pero Cali es una ciudad amable, pero hay mucha hostilidad en estos espacios.

 

¿Qué escenario vendrá después de ese Pacífico que narraste en ‘La perra’?

Estoy escribiendo algunos cuentos que pasan en la selva, hay uno que pasa en El Saladito, otro que sucede en un desierto. No estoy escribiendo cosas de ciudad, sino de gente que vive lejos.

Creo que esa demoro mucho en procesar la experiencia y en pasar los golpes que da la realidad hasta llegar a convertirse en ficción. Cuando estuve mucho tiempo escribiendo de Cali, era cuando vivía en el Pacífico. Ahora que estoy en Bogotá, estoy escribiendo del mar y de la vida aislada, de la vida lejos.

Tu proceso de escritura es un proceso cuidadoso y demorado. En este has usado hasta el celular como herramienta, ¿cuál es ese proceso íntimo que tiene Pilar para la creación literaria?

Antes te podía responder, ahora no porque cuando uno tiene un hijo, todo se desacomoda. Uno no sabe ni cuáles son las rutinas porque dependen de él. A qué horas se levantó, a qué horas va a comer, a qué horas va a hacer la siesta, cuándo se alborotó…

Eso hizo que ‘La perra’ se escribiera desde el celular dando teta porque no tenía otra opción. Cuando él se quedaba dormido, podía escribir. Mientras yo estaba dándole teta, podía escribir desde el celular y no en el computador y mucho menos a mano, que era como antes lo hacía.

Estoy haciéndolo así, pero el próximo libro puede ser escrito de otra manera. La verdad no tengo ni idea cuál es mi proceso creativo.

Vos dictás un taller de escritura creativa, ¿cómo ha sido la dinámica de enseñanza y aprendizaje?

Llevo muchos años dictando este taller, antes era muy escuelera hasta que un día dije “demos un taller como a mí me gustaría darlo y no como se tiene que dar o como se supone que debo” y ha sido una experiencia maravillosa para mí y para mis alumnos.

Muchos se conectan, porque ha sido un proceso súper chévere que me ha hecho preguntarme cómo yo creo para poder enseñar cómo crear.

Alguien me dijo en estos días “¿Sabías que andan diciendo que el nuevo coaching son los talleres de escritura creativa?” Y yo creo que es un coaching de superación personal. Con una gente bacana con la que uno logra conectarse.

 

Entrevista especial realizada por Alberto José Echeverri y preparada por Lina María Álvarez para Cali Creativa. Felicitamos a Pilar Quintana por este reconocimiento nacional.

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