Toda la potencia creativa de nuestra ciudad.

“En Cali siempre me he sentido libre”: María Cecilia Sánchez

Hace unos días conversamos con María Cecilia Sánchez, una quilichagüeña de nacimiento, caleña de alma, corazón y espíritu. Actriz, bailarina, melómana y a todas luces una mujer espectacular, no sólo por su belleza física, sino también por su enorme talento y su profunda perspicacia y calidez al hablar de Cali y lo que significa esta tierra para ella en todos sus aspectos.

María Cecilia estuvo de regreso en nuestra región, recorriendo todos sus departamentos para grabar ¿Y de quién es la culpa?, un programa de Telepacífico que en 13 capítulos busca descubrir por qué somos como somos, por qué hablamos como hablamos, por qué comemos lo que comemos y que en su camino contó con la conducción de María C.

Cuando nos enteramos que estaba en este borondo y aprovechando esta excusa, decidimos llamarle y hacerle esta entrevista que resultó ser una amplia conversación sobre nuestra identidad, sobre la diversidad cultural de la región Pacífica, sobre la vitalidad de Cali, sobre la importancia de la cultura, la reivindicación de lo afro y lo indígena.

María Cecilia Sánchez

Créditos: Mauricio González.

Pero sobretodo, nos dio una visión traslúcida de una artista que ha llevado su tierra siempre en la sangre y que nos abrió su corazón y pensamiento para charlar un rato sobre su búsqueda más personal y su regreso a Cali.

Siendo un placer para nosotros haber conversado con ella, te invitamos a leerla y dejar tus comentarios en Facebook o Twitter.

Alberto José Echeverri Ortiz.
Editor Cali Creativa.

 


Volver a Cali en busca de una identidad.

C2: María C, supimos que estaba grabando un nuevo proyecto a Cali y eso nos sirvió de excusa para hablar contigo y que nos cuenten tu visión de Cali y el Suroccidente colombiano. ¿En esa especie de retorno, qué te movió a dejar España y regresar al Pacífico, así fuera temporalmente?

Mira, mi relación con España es muy estrecha y la cual no voy a dejar del todo, pero es verdad que a raíz de que empecé a volver por motivos personales, se dio la casualidad de este proyecto. Fue una coyuntura donde yo estaba trabajando en Bogotá. Y me llamó el producto del programa y creo que era un momento más que justo para mi, personalmente. Para volver a sentir el Suroccidente colombiano tan de cerca. Lo necesitaba, lo ansiaba, fue bonito. Tanto en el momento personal, como profesionalmente. Después de ciertos momentos uno tiene la sensación y la necesidad de regresar. Si has estado mucho tiempo lejos, volver y volver a la raíces de las cosas, aunque sea distintas en la manera de hacerse, siempre es un gusto porque pasa de ser una experiencia laboral a ser una experiencia personal, una experiencia de vida, que uno está necesitando nutrirse de ella en ese momento. Es muy bonito cuando estás haciendo un trabajo, pero estás viviendo un trabajo, que hace parte de tu momento personal.

“Volver a sentir el Suroccidente colombiano tan de cerca. Lo necesitaba, lo ansiaba”.

: Dices que buscabas volver a las raíces y llegaste a Telepacífico en una búsqueda de identidad del Suroccidente colombiano, de quiénes somos en Cali y en el Pacífico, cuéntanos, ¿cuál es esa búsqueda de identidad de Y quién tiene la culpa?

A nivel del proyecto, hay muchas cosas que pareciese que son muy distintas porque el corredor Pacífico es muy amplio y es bastante distinto en todo tipos de cosas, el carácter de los del Valle, de Nariño, pero se trata justamente de eso. Tratar de encontrar en las diferencias, las similitudes y en las circunstancias culturales, que se han ido generando con el poblamiento de las regiones, la verdad de que sí somos muy cercanos en muchas cosas. Recién estuve viajando a Ipiales (Nariño) y para mí es muy familiar. Cuando creces en el Valle del Cauca de alguna forma lo tienes en tu subconsciente. Es un sitio donde ya has dado ciertos pasos. Es el sur, estás ahí, es cercano. También está el Pacífico como mar, musicalmente y culturalmente. Y también es culturalmente cercana la música indígena, que resuena desde las montañas. Y aunque muchas veces es imperceptible, pero que están ahí y hacen parte de nosotros. Es bien bonito encontrar el valor que hay en eso.

Y más adelante  me gustaría que este programa se pueda ver en la televisión pública nacional porque siento que el Pacífico es una tierra poco explorada, que realmente debe ser más explorada por la gente de nuestro país en su riqueza gastronómica, cultural, musical, étnica increíble. Y es muy bonito que las personas se den esa licencia de conocer esta zona.

C²: Y a nivel personal, ¿cuál es la búsqueda propia de María Cecilia, que de alguna forma anhelabas?

Y a mí, personalmente me viene muy bien, encontrarme conmigo misma. Es que cuando uno se encuentra con el origen es hacerlo con uno. Con una parte que ocupa gran espacio dentro de tu ser, de cómo estás constituido, tanto genética como culturalmente. La verdad, me vino muy bien hacer ese proyecto. Fue un viaje muy bonito, de gastronomía, de etimología, y también a otra escala me ha conectado con mucha gente inmensamente activa. Me ha vuelto a conectar con muchas gente de cuando empezaba. Conectar con gente fundamental para mi trabajo, encontrarme con sitios donde la gente busca lo más genuino y trabaja a otros ritmos.

 

María Cecilia Sánchez por Mauricio González.

Créditos: Mauricio González.

La diversidad como parte del carácter de nuestra región.

: Decías que hay mucha diversidad, y aún sin conocerlas son naturales, hacen parte de tu esencia. ¿Háblanos más de esa diversidad que dices es intrínseca?

Sí, desde luego. Para mi está muy claro en la forma como entiendo la música y viviendo afuera me he dado cuenta de que mi comprensión musical está muy marcada por lo afro, las síncopas africanas y por el cuerpo. Y también en la gastronomía. Amo la comida de mar gracias al Pacífico. Crecí comiendo pescado del Pacífico, Guapi me quedó siempre cerca de donde crecí y ahora entiendo que mis amores vienen de esa época.

Y en otra cosa que tiene que ver con el carácter, entender la sicología de un pueblo tan mestizo, cómo se expresa, cómo se comunica y se relaciona. Es muy nuestra esa manera de ser del Suroccidente, evidentemente, mestiza. Con una presencia nativa fuerte, también afro y una presencia colona fuertes, que genera una mezcla en la manera como te comportas y entiendes los códigos. Cuando estás acostumbrado a convivir con diferentes códigos eso te da una manera de ser muy cosmopolita, aunque estés en un pueblo. Cuando estás acostumbrado a tratar con diferentes códigos, te da tanta variedad que te genera un comportamiento con alto nivel de tolerancia y apertura. Y es bien especial ver que pasa en el Suroccidente y sobretodo, en todo el Valle del Cauca y los corredores donde se mezcla lo indígena, lo afro y lo mestizo. Es gratificante. Es un comportamiento muy hermoso.

: ¿Una percepción es que Cali y como dices, nuestra región es la que más convive con la diferencia étnica, de forma mucho más abierta?

Sí, y aún así, hay cierta clase de segregación, de extraño racismo. Y aunque cada uno tiene derecho a su opinión, hay comportamientos que me duelen mucho. El racismo es un comportamiento que me duele, que no puedo tolerar. Es absurdo en un país tan mestizo, tan rico en su multiculturalidad.

 

Para volver hay que haberse ido.

: Naciste en Santander, ahí creciste, pasaste por Bogotá y luego España, pero Cali siempre ha estado en el medio. ¿Cómo veías tu tierra desde la distancia y cómo cambia tu percepción?

Ufff, cambia mucho. La percepción del espacio, de los olores, del sonido. Cali es una ciudad ruidosa, uno no lo sabe pero es ruidosa. Al principio ves la diferencia y cuando ya extrañas eso y vuelves después de mucho tiempo, ese mismo ruido te parece genial, al extrañarlo. Pero los primeros choques son bastante fuertes. El color, la vida en la calle. De hecho, ya hay diferencias bien grandes sólo entre vivir en Bogotá y en Cali. Cali es una ciudad que viven la cotidianidad en la calle, el día está lleno. En verdad, es una ciudad vives en la calle, que la habitas realmente. A mí me resulta encantadora Cali como ciudad. Es una ciudad que me apasiona.

María Cecilia Sánchez por Mauricio González.

Créditos: Mauricio González

: Ya hablando de Cali, una ciudad que siempre ha estado ahí, entre ires y venires, ¿cómo definís vos a Cali? ¿Qué es Cali para María Cecilia?

La visión que yo tengo de Cali es muy lúdica. Y siempre es muy fresca. Para mí es eternamente joven, tan vital y tan fresca. Así la defino. Afortunadamente, para mí siempre ha sido una ciudad poco prejuiciosa, aunque sé que se cuecen muchas cosas. Pero en su carácter es espontánea, es vital, desparpajada, como una novia joven desparpajada y muy bacaniada. Yo la he visto así. No es una ciudad museo, como tantas. O una ciudad protocolaria, fría o distante, es todo lo contrario. Y dentro de todo lo que ofrece me parece muy luminosa, muy jovial y muy abierta. Con todas las cosas que pasan, y aunque Cali vive mucho la noche, es como si siempre fuera de día. Como si fuera siempre viva, donde a las 5 de la mañana encuentras a la gente con espíritu vital. La energía no tira para abajo, vas a las 5am al Apolo’s a comer una chuleta y la gente está parchada. La energía tira pa’ arriba.

Pero también me encuentro cosas muy tristes, realidades que tal vez no te tocan y que, inevitablemente, son muy duras de entender. Pero es porque hay mucha intensidad, y esa intensidad sin oportunidades y sin educación lleva a eso. Es muy duro ver una generación de adolescente se mata. Eso es realmente muy alarmante.

: Es una realidad contrastante entre una ciudad que se ve a sí misma muy alegre, muy abierta, muy jovial, pero al mismo tiempo…

Sí, porque es la misma euforia y la misma efusividad. Pero al tiempo, me he sorprendido siempre estando en el Petronio, en la Calle de la Feria, metida entre las multitudes y es lo que digo, una cultura alegre. Y en los sitios más populares es donde mejor me encuentro y donde mejor recibida me siento. Y donde más feliz ves a la gente. Y aunque puede parecer curioso, es muy bonito de entender y ver cómo se convive en paz en eventos tan multitudinarios, es fantástico.

 

Cali es una ciudad que me apasiona.

: Si decimos que sos la más caleña de corazón, ¿quisiéramos saber qué ha significado Cali en el pasado y qué significa Cali ahora para vos?

Cali ha sido el escenario en donde más cómoda, acogida y de mayor expansión que he tenido en mi vida. Yo en Cali nunca tengo miedo. En Cali siempre me siento libre. Nunca es nunca y eso me parece bello. ¿Sabes? Es verdad, nunca he tenido miedo en Cali. Nunca. Nunca he sentido miedo. En Cali siempre me he sentido libre y siempre muy libre de ser. Esa es la percepción que he tenido.

“Yo en Cali nunca tengo miedo. En Cali siempre me siento libre”.

Y me gustaría, a largo plazo, tener una relación más estrecha en lo que puedo ofrecer, como profesional. Es verdad que mi trabajo está muy centralizado, pero con el tiempo, siento que tengo otras necesidades, ser más independiente, crear mis propias cosas, entonces espero poder más al tanto de las necesidades que tiene hoy en día y estar un poco más presente. Hacer cosas que se puedan mostrar en la ciudad, siento que cada vez más es un foco de interés artístico. Poder acercarme a lo que me interesa y no tener que buscarlo en otros sitios, en un proyecto artístico.

 

: Eso me da pie a una pregunta puntual. Hay una Cali creativa que está volviendo a apostar por la ciudad, por volver…

No, yo creo que es al revés. Yo creo que la gente creativa siempre ha estado y creo que es la ciudad la que empieza a apostar por eso. Es en la administración porque la gente creativa, los grupos siempre han estado, todo el material humano. Cali tiene una cosa muy especial que empieza en su clima y termina en el mestizaje. Y creo que eso, y todo lo que hemos hablado a nivel social y cultural fue lo que en su momento generó una contracultura y esta contracultura siempre ha está latente. Por un lado, siempre ha tenido gente con posibilidades de nutrirse afuera, estudiar, por ejemplo, cine afuera e influencias musicales de otro sitio. Yo podría decir que tengo una cultura musical gracias a Cali, que siempre ha tenido una amplia cultural musical, por toda esta apertura. Por tener el puerto cerca, por tener las culturas de las que nos hemos nutrido. Entonces, es un foco muy interesante donde hay una suma de cosas que generan circunstancias únicas.

María Cecilia Sánchez por Mauricio González.

Archivo personal.

Ahora, es la misma dinámica de la ciudad, que entra en un bucle de creatividad, que empieza a permitir que estas apuestas florezcan. También hay una expansión de otras búsquedas. Cada vez más tiene centros de gente que quiere tener otra clase de vida, incluso dentro de esa misma violencia e intensidad, ahora también es como un paraíso de gente que quiere un estilo de vida tranquilo y apostando por el yoga, el bienestar y están cambiando esa cara o energía para pensar sólo en la estética. Y todos esos cambios son en la identidad de la gente.

: Pensando en el futuro de Cali, ¿cómo te imaginás la ciudad y tu relación con ella a mediano plazo?

Y a futuro, la veo, ojalá, que seamos más auto-abastecibles a nivel cultural. Que generáramos más cosas. Porque siempre he creído que no meterle la ficha a la cultura es desconocer que en los epicentros más grandes del mundo, donde la cultura funciona, esta es auto-sostenible, es auto-abastecible. Porque es una cultura de la cultura. Parece ridículo lo que estoy diciendo, redundante pero no. La cultura, en países como Francia, por ejemplo, el teatro o el cine alimenta la cultura de los restaurantes. Hay consumo, hay vida alrededor de eso. Si uno invierte en esas cosas está generando vida para la ciudad. Y no sólo vida como experiencia vital, sino también comercio.

Muchas ciudades que tienen la cultura como una base, también se dan cuenta de su importancia porque llama otras cosas. Si tienes un festival que cada vez se vuelve más grande, tendrás hoteles llenos. Digamos que los experimentos que hay en Cali como Delirio son importantes porque llevan mucho público turístico, pero también es una expresión, pero también se están enrrumbado, también hay fiesta. La cultura de la cultura es muy importante, cada vez más. Es toda una vida alrededor lo que puede pasar. No es una cosa de nicho, es algo que debe ser auto-sostenible y auto-abastecible. Una conciencia de su importancia, de las puertas que abre y el consumo que genera.

 

El secreto mejor guardado es…

: Bueno, dos últimas preguntas. ¿Cuál es el rol de María Cecilia esa transformación después de este volver, reconectar y redescubrir?

Me encantaría ser un puente, yo quiero ser un puente, entre las cosas que puedo aprender porque mi curiosidad me lleva a ser un poco gitana y a querer estar afuera y salir. Entonces, lo que tengo para ofrecer de acá estando allá y al revés. Yo por ejemplo conozco sitios de salsa en Madrid y he tenido la oportunidad de dictar clases de cosas que para nuestro contexto son básicas, pero al otro lado del mundo son todo el conocimiento al respecto. Porque es un lenguaje absolutamente desconocido y la percepción que tienen de nosotros, con algo tan específico como el baile. De hecho, yo amo la salsa y amo todo lo que me ha dado, la cultura, la vitalidad, la vida que yo he podido encontrar en nuestra cultura y que me doy cuenta que en el mundo está desdibujada. Entonces, es muy bonito sorprender y enseñar, y poder compartir eso. Que cada vez es de más interés de gente de fuera.

María Cecilia Sánchez por Mauricio González.

Archivo personal.

: ¿ Y cuál es para vos el secreto mejor guardado de nuestra región y, en este borondo, cuál ha sido tu mayor descubrimiento?

El secreto mejor guardado es como somos un poco agridulces, algo raros de sabor: chontaduro con miel, maduro con queso, aborrajado, dulce pero salado. Eso es interesante, muy intenso. Una relación con el sudor, con el mar, siempre presente. Cuando hay temporada de lluvias, llueve de verdad. La lluvia está muy presente. Somos una raza fuerte, que aguanta mucho, casi en una condición del clima. Pero la llevo al carácter porque siento que eso nos moldea.

El secreto mejor guardado es la raza, es la mezcla. De ahí parte todo. El secreto mejor guardado es que eso pueda coexistir y cohabitar. Porque en el momento que todo cohabita es cuando se dan todas esas mezclas, de gastronomía, lo dulce y lo salado, lo Pacífico y lo indígena. ¿Sabes? Y el mayor descubrimiento es verlo, como un espejo, en mi. Reconocerme a mi en el otro, en cada paso verlo como un espejo. Tenerlo tan presente y tan cercano, de mundos nativos, en donde puedes sentir cómoda así te veas diferente. Es muy cercano. Es el secreto más bonito y lo ves en ti.

Como en el Puerto…

Un día me pasó que estaba en un bar de Madrid y había un hombre como senegalés vendiendo periódicos, estaba afuera pero sentado en la barra y estaba sonando un funk. Era un hombre mayor, tenía más de sesenta años, y de repente se movía y empezó a bailar y yo entendía cómo él se estaba moviendo y cómo entendía la música. Y la entendía en un aspecto que en España nadie lo podía entender, a no ser que fuese una persona de África. Y el hombre se movía y partía los tiempos como se le diera la gana. Esa sensación de entender esa cercanía porque crecí en el Valle del Cauca. Y para mi era normal, como si estuviera alguien haciéndolo en Puerto Tejada. Y por eso me cuesta entender que no haya más reinvidicación hacia esto. Y por eso cuando me doy cuenta que en Cali aún hay rechazo por el tema de raza me duele más, porque no podríamos entender la música y la cultura de hoy sin la importancia que tienen estas culturas. Reconocer esa diversidad nos da valor y la creatividad está mediada por eso.

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