Toda la potencia creativa de nuestra ciudad.

Opinión de una salsera: ‘Cali o el destino’

Sobre El Autor

Caleña, literata, coleccionista de salsa, Dj, fundadora de El Titicó Gril en Bogotá, curadora musical y escritora.

Iniciamos una serie de columnistas invitados que estarán en nuestro portal. Podés compartir tus opiniones en Facebook o Twitter, con el hashtag #CaliCreativa. Hoy presentamos ‘Cali o el destino’, por la coleccionista de salsa, la Tuti Mejía. Una semblanza de los avatares de la salsa, género que llegó en su decadencia a Cali, pero en nuestra tierra encontró la vida eterna. 

 

La salsa no tuvo libertad. Desde siempre estuvo encausada por un destino alegre, y sin embargo ineludible, a la Sucursal del Cielo. Dio tumbos de ciego por toda Latinoamérica y varios países del mundo, vivió los avatares de los años, los géneros musicales que nacían y morían hasta que su energía se comenzó a agotar; como todas las cosas bellas.

La Salsa llegó a morir a Cali, la recibimos en el ocaso de su grandeza y nosotros conservamos los últimos rayos de ese fuego africano y primigenio. Nuestra tierra fértil, la brisa del Pacífico y el canto de las aves guardaron su memoria musical.

El corazón de la salsa se quedó en Cali. Latiendo más fuerte que nunca para quien lo quiera oír. En el alma de su gente, en los pies del bailador.

El inconsciente colectivo del caleño está poblado de sonidos, de estructuras musicales que pertenecen a la Sonora Matancera, Benny Moré, El Gran Combo de Puerto Rico, Ángel Canales, las Estrellas de la Fania, La Sonora Ponceña, Richie Ray & Bobby Cruz hasta llegar a Guayacán y al Grupo Niche.

“El corazón de la salsa se quedó en Cali. Latiendo más fuerte…”

Nuestro sentido del ritmo está configurado con tres golpes de tambor, sazonado con un solo de trompeta, aderezado con violines de fondo y fermentado con la fuerza del trombón. Así vamos por la vida los caleños, con un sentido de pertenencia ligado a lo etéreo, a algo que no se gestó en nuestro suelo pero que sin embargo aquí floreció.

Y aunque para las disqueras ya sea un género obsoleto, en Cali abundan orquestas que en el circuito underground de la rumba caleña se oyen, se sienten. Este tesoro es nuestro. Y cambian tanto los tiempos, sus gustos y tendencias, que quien quita que mañana nos vuelva a llegar el turno de abrir este cofre que le guardamos al mundo.

Por ahora, nos queda seguir alimentando esta bohemia en lugares como La Topa Tolondra, Punto Baré, La Ponceña, Zaperoco, El Habanero, Salsa, La Clave, Siboney, La Casa Latina. Seguir asistiendo a Delirio, Salsa al Parque o al Salsódromo y la Feria de Cali, seguir recorriendo la Ruta de la Salsa.

Somos más ricos de lo que nos imaginamos. Una ciudad en la cual todas las noches, de lunes a lunes, se pueda ir a bailar Salsa hay que mirarla como se mira a una especie en vía de extinción; con respeto y admiración.

“Le hemos dado el trato que se merece; la eternidad”.

Nuevas generaciones de empresarios, músicos, coleccionistas, escritores y cultores de este género nos dan la seguridad de que estos rayos de fuego que vinieron del África están en buenas manos, en buenas mentes y en buenos pies. No estará sujeta al olvido y estará siempre en la barrera, viendo cómo géneros pasajeros son barridos por carecer de ese elemento indecible que inquieta el alma de quienes están tranquilos y tranquiliza a los inquietos.

Fuimos los escogidos para perpetuar su historia, para que ese ser delicado, no muera. Y le hemos dado el trato que se merece; la eternidad.


Agradecemos a la salserísima Tuti Mejía por su colaboración con Cali Creativa. Podés seguirla en Twitter: @TutiMejia. Cualquier opinión, escribinos a contanos@calicreativa.com