Toda la potencia creativa de nuestra ciudad.

Artículo especial de Lina María Álvarez, para Cali Creativa.


 

De niña Cielo Moreno se escondía debajo de las faldas de su abuela cada que se metía a la cocina. Le gustaba ver, tocar, preguntar. Siempre curiosa e inquieta. Dice que la pasión le saltaba por la piel y que allí, en medio del calor del fogón y el olor a queso fundido del arroz ‘clavado’ -plato típico del Chocó-, determinó cuál sería el sentido de su vida: ser cocinera.

Asegura que fue un amor precoz. La primera vez que se enfrentó a un plato fue a los cinco años cuando su padre Juan Andrés, la responsabilizó del almuerzo de toda la familia. “Un día mi papá llegó a la casa con la cola de un cerdo diciendo que era mía, que quería que le hiciera el mejor plato. Yo estaba tan chiquita que no podía de la felicidad y a la hora de echarle la sal, se me fue la mano”, cuenta Cielo entre carcajadas.

Cir1W_5WsAAJMQ3“Mija, corra, tráigame agua que me ahogo”, gritaba su papá después de devorarse por completo el sancocho que le había preparado. Aún así, a ella le dijo que estaba delicioso. Ese día la pequeña comprendió que el amor es el ingrediente más importante en la cocina. El que nunca puede faltar. A raíz de la muerte de su padre, llegó de la selva del Chocó a Cali y se enamoró de la ciudad que la adoptó. Estudió Diseño de Modas, Pedagogía Reeducativa y fundó el Instituto Moreno del Castillo en la Comuna 15, en el Distrito de Aguablanca.

Atiende a más de trescientos niños que le dicen ‘Mama Cielo’ y que buscan en ella una guía, una respuesta, una razón. “Una de mis pasiones ha sido enseñar y ayudar a otros. Lo que hacemos en la escuela es demostrarle a los muchachos que hay otros caminos, que tienen que intentarlo”, explica Moreno.

El año pasado tuvo la oportunidad de demostrar su talento en el arte culinario en el reality MasterChef. Noche a noche cautivó a los colombianos con su ternura y picardía, y a los jurados, con su sazón. Dice que al chef Nicolás de Zubiría lo enamoró con sus ojos. Esos pequeños y expresivos que hablan de una mujer guerrera y capaz.

Para mí la cocina siempre ha sido una forma de expresión. De comunicarle el amor al otro. Y en MasterChef, pude hacerlo. Fue una experiencia maravillosa. Allí conocí gente increíble y pude educarme como debe ser. Los domingos nos llevaban a la Universidad y aprendimos de todo. ¡Desde hacer pandebonos, hasta postres!”, cuenta Cielo con emoción.

Cielo atiende sus dos restaurantes: uno en el Distrito de Aguablanca y otro en el Parque del Perro

Dice que lo más difícil de la experiencia fue el encierro, que solo pudiera hablar con sus tres hijas una sola vez por semana y tener que lidiar con la competencia desleal: “Allá me hicieron la guerra y eso lo veía la gente. Sin embargo, yo siempre fui transparente y traté de llevarme lo mejor de cada participante. Siempre me ha sido muy difícil enfrentarme a la hipocresía”.

El cariño de los televidentes la acompaña hasta hoy. No puede andar tranquila en un centro comercial, sin que le pidan una foto o se acerquen a abrazarla. Para ella, ese es su mejor premio. “Cuando voy al Alameda, soy una sensación. Y eso me demuestra que la gente me quiere y me recuerda”, asegura.

cieloeditadaDesde hace varios meses está cocinando un nuevo proyecto. Se trata de diferentes talleres de cocina que quiere dictar en las comunidades más vulnerables de la ciudad. Dice que solo así, quedará en su paladar el sabor del deber cumplido. La idea inicial va dirigida a los jóvenes de estrato 1 y 2 que buscan y rebuscan nuevas oportunidades, que quizás estén escondidas en algún plato. La comida típica del Valle del Cauca y del Pacífico, hacen parte del contenido académico con el que busca instruir a sus alumnos.

“Quiero encontrar quién me apoye en este sueño. Sé que muchos chicos lo agradecerán”, dice ‘Mama Cielo’, quien hace énfasis en la importancia de una buena formación para tener una mejor calidad de vida.

Hoy Cielo divide su tiempo para dedicárselo a sus grandes pasiones: la cocina, la enseñanza y sus hijas. Dice que es capaz de conquistar a cualquiera con sus platos, que el infaltable en la cocina es el limón y que con una pizquita de perseverancia, todo se puede.

Actualmente atiende sus dos restaurantes. Uno ubicado en el Distrito de Aguablanca y otro en el Parque del Perro. Luna de Beraca, se llama este último, donde un aviso rojo indica que la entrada que conduce al segundo piso, es la puerta al cielo.

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